¡Que haya caos… y juego!
Si alguna vez te toca mangueras la ropa embarrada, salvar los restos de una cortina, rescatar a una «princesa» (tu pobre gato con cinta adhesiva) de un castillo de cartón o pintar encima del «arte mural» a rotulador de tu hijo, quizá necesites un par de respiraciones profundas. Aquí va algo para ver sus «experimentos» con mejores ojos.
Jugar con barro
¿Por qué los baños y mascarillas de barro nos relajan a los adultos? La bacteria Mycobacterium vaccae, presente en la tierra, estimula el sistema inmune y aumenta la serotonina. Así que, ya sea cuidando el huerto o tu peque chapoteando en charcos, ayuda a sentirse feliz y relajado. Además, la exposición temprana a una gran variedad de bacterias se asocia con menos riesgo de alergias y asma. Llevamos cientos de miles de años como especie, y muy poco viviendo en casas limpias: quizá nos atraen instintivamente los elementos básicos de la naturaleza. Así que deja que haga pasteles de barro y bese al perro: estará bien.
Palos y piedras
Quien haya paseado por la naturaleza con un preescolar vuelve con los bolsillos llenos de conchas, palos, piedras y hojas (y, con suerte, caracoles). Puede no parecer valioso, pero ese interés estimula su imaginación y todos sus sentidos, y le ayuda a construir vocabulario de colores, formas, tamaños y sonidos. Puede contar sus «tesoros», clasificarlos o transformarlos en otra cosa, y aprender a compartirlos con amigos. Si te ofrece uno de sus hallazgos, es un regalo precioso, su forma de expresarte amor. Aunque un «hombre de palo» no pegue con tu decoración, se sentirá querido si compartes su entusiasmo: dedícale una balda o un marco a sus creaciones.
Juego «destructivo»
Cuando corta tus pantalones favoritos para hacer un túnel para el conejo o «toma prestadas» tus toallas para montar una tienda, no es por portarse mal: es pura creatividad y curiosidad. Otra forma es construir y apilar para luego derribarlo (con enorme satisfacción) y empezar de nuevo; o desmontar el reproductor de DVD para ver cómo es por dentro. Es su primera lección de ciencia, ingeniería y física: prueba directa de causa y efecto. Descubre qué materiales le inspiran y prepárale una caja o un espacio con cosas que sí puede «reciclar». No todo quedará bonito, pero da igual: confía en el proceso.
Roles de «buenos y malos»
No te alarmes si hace de «malo» jugando con amigos: es su forma de probar normas sociales, acciones y reacciones, y su propio papel en el mundo, en un entorno sin consecuencias. Es juego de «mentira»: en cuanto termina, vuelve a la normalidad. Así que abraza el caos. A veces son nuestros hijos quienes lo tienen todo claro con su lógica infalible, y los adultos hemos olvidado de qué iba la cosa. Quizá redescubras la magia de tu mundo al verlo a través de los ojos de tu raro, divertido y embarrado peque.