Naturaleza para niños de ciudad
Sí, tu peque nació nativo digital, pero la evolución no ha alcanzado aún a la revolución digital. El aire libre sigue siendo esencial para el desarrollo, la salud física y mental y el bienestar de los niños. ¿Cómo acercar la «naturaleza» a tu hijo si vives en la ciudad? Aquí tienes ideas para desconectar y reconectar con vuestro lado más salvaje.
Siesta al aire libre
Puede sonar raro, pero dormir la siesta fuera es una forma estupenda de que el bebé reciba horas de aire fresco, y suele dormir más y más profundo. Si quieres probarlo:
- Cuándo empezar: desde las 2-3 semanas hasta que deje las siestas.
- Entorno adecuado: un patio, jardín o balcón resguardado del sol directo, la lluvia o la nieve. Usa mosquitera (también en la burbuja de lluvia, con ventana de malla para que circule el aire).
- Vigilabebés: debes poder oírlo o verlo siempre.
- Vístelo según el tiempo: saco o edredón en el cochecito; en invierno, mono, gorrito y manoplas (la piel de borrego aísla muy bien); en verano, asegúrate de que haya ventilación para que no se acalore.
- Mira el tiempo: con -10 °C o menos, o con mucho calor, humedad o viento, mejor dentro.
- Airea el colchón tras cada siesta.
- Sentido común: observa cómo responde. En invierno, las mejillas pueden estar frescas; mientras cabeza, orejas, pies y manos estén calientes, bien. En verano, tócale la nuca: si suda, quítale una capa.
Parques y zonas verdes
Si vives cerca de un parque, aprovéchalo: tu hijo disfrutará de los sonidos, las luces y sombras, las texturas de árboles, hierba y hojas, y de mirar pájaros, perros o ardillas. Si tienes cerca un bosque, río o playa, son geniales el fin de semana para toda la familia. A los peques les encanta recoger piedras, palos o caracoles para llevárselos a casa: vístelos para mancharse y a disfrutar.
Programas de naturaleza
Mira si en tu ciudad hay programas de naturaleza para preescolares (¡o anímate a montar uno!). Si aún no tiene edad para los scouts, busca actividades locales donde pueda chapotear en charcos y conocer la flora y fauna del lugar.
Vacaciones en la naturaleza
Si el día a día no da para mucho, aprovecha las vacaciones: acampar, hacer senderismo, navegar, esquiar, ir en bici o nadar. Saludad a una vaca por el camino, dormid en una tienda, construid un muñeco de nieve. Basta un buen recuerdo para despertar en tu hijo la alegría y la curiosidad por explorar la naturaleza. (O lo odiará… ¡pero al menos lo habréis intentado!)