Cómo aprenden los niños jugando
«Juego de niños» suena a algo demasiado fácil o sin importancia. Pero todos nacemos para jugar: es un rasgo humano universal y es como aprendemos a interpretar, interactuar y cambiar el mundo. Tenga los juguetes que tenga, hay tipos de juego que parecen estar en nuestro ADN. Estas son algunas formas en que tu bebé aprende jugando, y cómo acompañarlo.
Cantar, hacer ruidos y música
Los primeros balbuceos son casi indistinguibles, pero ya entrenan sus cuerdas vocales para hablar el idioma que oye alrededor. Y no solo le emocionan las voces: también todos los ruidos. Sonidos de animales, canciones sencillas, música, palmas, golpear cosas para hacer «tu propio ruido». Si notas que reacciona a un sonido, dile qué es: «Esto es un secador», «Esto es la cafetera», «Esto es un perro ladrando». Todo ello le ayuda a construir vocabulario y a entender el mundo.
Apilar, construir y desmontar
Hacer torres es otra actividad universal y adaptable a cualquier sitio: cojines, bloques, libros, palos, piedras, cajas, ollas… y lo que pille. Es su primera actividad creativa física, su intento de combinar y transformar cosas. ¿Qué pasa si hago esto? Todo es posible… hasta que la torre se derrumba. ¡Pero da igual, porque entonces se vuelve a empezar! A esta edad desarrolla motricidad, organización, análisis y, sin saberlo, nociones tempranas de ciencia e ingeniería.
Construir y desmontar para ver cómo funcionan las cosas es otro clásico que despierta la curiosidad. A menudo el papel y las cajas le interesan más que el juguete. Dale un rollo de cinta y observa. Cuando construye o desmonta, es porque ve una necesidad, un problema o una oportunidad: aprende a planificar (o a lanzarse de cabeza), a resolver y, si juega con amigos, a clasificar, contar, cooperar y negociar. ¡Y da igual el resultado, todo es práctica!
Juego de roles
Hacia la edad preescolar, su forma de jugar con los demás evoluciona a saltos: empieza a ser consciente de su papel, a relacionarse y a desarrollar la imaginación a la velocidad de la luz. El juego de roles es su primer «ensayo» de habilidades sociales, empatía, compartir y juego limpio. Puede ser superhéroe, jugar a escenas cotidianas, con muñecos y figuras, y crear historias cada vez más elaboradas. Realidad y ficción se mezclan, y los amigos invisibles son tan reales como los de verdad (ventaja: cargan con la culpa de tus líos, comen poco y guardan todos tus secretos).
Es una buena edad para implicarlo en tus tareas con responsabilidades sencillas y adecuadas a su edad: mezclar ingredientes, poner la mesa, arrancar dientes de león, dar de comer al perro… Estará orgullosísimo de dominar nuevas «habilidades de mayor». De adultos a veces olvidamos jugar; los niños son tu máquina del tiempo a cuando todo era posible. La creatividad no es solo cosa de niños: nos ayuda a resolver problemas toda la vida. Así que juega como si nadie te mirara y disfruta.